YO NO QUIERO NADA AJENO QUE LO MÍO ES LO QUE QUIERO
(Coplas a las crecidas de un barranco)

Por Chácaras y Tambores de Guadá

“Este sí es un invierno como los de antes” he escuchado decir a más de uno en estos meses. Aquellos tiempos en los que los barrancos corrían incluso en el verano y que la gente aprovechaba esa agua para regar sus terrenitos con papas y batatas en los tramos bajos de los barrancos del sur.
En la tradición oral permanece la voz de los que nos precedieron y a veces esa voz, no sólo habla por nosotros, sino también por los elementos de la naturaleza. Y entre estos elementos destaca la fascinación que nos produce el ver correr los barrancos, las cañadas crecidas, o como reviven las antiguas fuentes que jalonaban nuestro paisaje. Como ejemplo de ello tenemos estas coplas que fueron dedicadas a las crecidas del barranco de Valle Gran Rey, y en las que es el propio barranco el que habla por mediación del poeta, reclamando lo que es suyo. La crecida a la que se refieren tiene la particularidad de que sucedió en el mes de San Juan -según diferentes informantes- y fueron sacadas a fines del siglo XIX o como muy tarde principios del XX.

 

  PIE: “Yo no quiero nada ajeno que lo mío es lo que quiero”

 Desde La Laguna parte el perro juracán negro,
cuando yo asomé a la orilla lo encontré todo con dueño
pos yo p’alante sigo porque p’atrás no me vuelvo
porque lo traigo heredado, herencia de mis abuelos.
Cuando yo asomé a la orilla del susto casi me muero
y vide a Valle Gran Rey que todito tiene dueño,
me determino en bajar pero muy fresco y sereno
y poniendo los majanos en donde los puso mi abuelo.
La Joya los Becerros es la primera que encuentro
allí me viré a arrancar ñames, jigueras y durazneros.
A todos los de Guadá no podían contenerlos
que entre más que los llamaba mucho se retiran ellos.
y tiré por áhi p’abajo desbaratando linderos
La casa de tío Bartolo es la primera que encuentro,
de la primer puntapié allí se la tiré al suelo,
él me salió con un palo, la mujer con el asadero,
el hijo con un cuchillo, la hija con el vocero.
Dejailos venir p’acá que a ninguno tengo miedo.
Si a todos juntos vos agarro a todos juntos vos llevo
y vos hago trasponer por entre La Palma y El Hierro
donde no vos vean nunca ni el cura buscando entierro.
Si derramo más p’acá, al molino del Sargento
les subía las labijas y le templaba los hierros.
Y lo jasía moler que pa eso fuerza tengo.
En el Plan de las Chocitas me encontré al indiano viejo
llamando por el hijo Mingo: -¡ tráeme la escopeta luego!
que quiero tirarle un tiro a este perro traicionero.
Si con fuego me amenazas yo a fuego no tengo miedo,
si encendida me lo das apagada te la vuelvo.
Enfrente de Cerco Rey me encontré a mi compañero,
yo me llamo Arañule y tú te llamas Lancero .
Tiramos por áhi p’abajo como dos leones fieros
y ahora nos vamos virando pa la palma del berrendo,
tanto luchamos con ella hasta que la tumbamos al suelo.
Los ñames de tío Chinea los puse en la Playa luego.
Quise en la Casa la Seda entrarme de bodeguero,
le pedí una copa de caña, señor a Juaquín Piñero,
los garrafones vacíos, yo para nada los quiero.
Yo le dije: -eche p´acá, traiga que yo se los lleno
de lo mismo que usted vende y sin costarle dinero.
Y cuando le llegué al Pulgar y vide a mi compañero
que diba lleno de espuma, todito de espuma lleno,
que estaba muy enfadado con todos sus medianeros.
Con el temblor que tenía salió Berrenda diciendo:
-Yo no lloro por las fincas, lloro por los naranjeros
siempre me comía alguna a escondidas de los dueños
y para disimular y estar a bien con ellos
peleaba con la familia sabiendo que era yo mesmo.
Que se dice que ese alcalde ningún miedo le tenemos,
si no sabe hacer justicia nosotros le enseñaremos,
ése dice que en las fincas tiene puesto un cuardiero,
nos pega un respujonaso y nos manda pal Caidero,
allí tomamos altura y fuimos a Lomo Riego,
vimos a Pancho Felipe nos saludó el caballero,
ése es gran amigo nuestro, pero que falso lo encuentro.
Aquí les llevo la leña pa que quemen los barqueros,
que cuando van a la mar dicen que son muy careros,
que por un peje y una fisca piden por él, real y medio,
el que no lo quiera así vaya a la mar a cogerlos
que allí sobran los trabajos que pasa el pobre barquero.
Dice usted que en el verano y nosotros en el invierno
según el agua que lleve y la fuerza que tenemos.

 

 

 

Desembocadura del Barranco de Valle Gran Rey

FUENTES: Generalmente son atribuidas a Domingo Negrín Piñero, “ferrucho viejo”, que era hombre “sabío” –o sea letrado-, y ocurrente. Otros informantes sin embargo se las atribuyen a José Navarro de Gerián.
Estas Coplas a las crecidas del barranco de Valle Gran Rey la hemos podido reconstruir basándonos en dos versiones y en una feliz coincidencia. Las versiones nos la proporcionaron Clorinda Gámez Zamora –ya fallecida- que fue grabada en la residencia de ancianos Ntra. Sra. de Los Reyes, en Las Orijamas (Valle Gran Rey), en septiembre de 1994 –que las aprendió oyéndola en las fiestas- y la de Concha Dorta Cruz grabadas en su casa de Lomo Moral (Valle Gran Rey), en marzo de 1998 –contando ella 89 años, fallecida en 2002-. La feliz coincidencia es que tanto Concha Dorta como su marido Domingo Niebla –fallecido en diciembre de 1998 a los 93 años y que tenía estas coplas en su repertorio de romanciaor- se las sabían desde el nacimiento del barranco de Valle Gran Rey hasta que llegaba a su casa en el barrio de Lomo Moral, mientras que la versión de Clorinda Gámez se centra más de La Casa la Seda hasta el mar, por ser el Valle Bajo su lugar de residencia. (También el investigador José Perera nos facilitó una versión que el recogió de Doña Concha Dorta)

PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:
A.F. CHÁCARAS Y TAMBORES DE GUADÁ (2001).: La Memoria del Tambor. Ed. Agrupación Folclórica Chácaras y Tambores de Guadá. Excmo. Cabildo Insular de La Gomera, Ayuntamientos de Agulo, Alajeró, Hermigua, San Sebastián y Vallehermoso, AAVV Ajojar.

 

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