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DÉCIMAS DEL TELÉMACO. Por Chácaras y Tambores de Guadá

La odisea del “Telémaco”, forma ya parte, no sólo de la historia de La Gomera, sino de su propia mitología. Velero convertido en todo un símbolo de la emigración clandestina, es, por otra parte, la culminación de una lucha de todo el pueblo canario para obtener la libertad de emigración.
No es nuestra intención aquí hacer un análisis pormenorizado de las vicisitudes de este viaje, pues ya existe un libro “El Telémaco. Así se hicieron a la mar”, donde se investigó el tema. Ni abordar las múltiples interrogantes que siguen envolviendo este viaje, como el asunto de las armas a bordo, quién mandaba en el “Telémaco”, por qué no existían aparatos de navegación o la más enigmática, sobre el número real de pasajeros que iban en el barco y lo que realmente sucedió durante la durísima travesía. Como bien afirman los autores: “...el libro no está terminado pero entre todos podemos concluirlo, ya que su redacción auténtica comienza ahora que todos pueden leerlo y discutirlo”.

 

 

Panorámica de Valle Gran Rey desde el mar.

El Telémaco a su llegada al puerto de La Guaira, el 16 de septiembre de 1950.

Relativo al ambiente que, inicialmente, reinaba en el barco, tenemos esta décima que compuso Manuel Navarro Rolo poco después de partir:

 

Nos vemos en el Atlante
en un inmenso camino,
en un barco sin destino
sin piloto, ni sextante.
Mas pienso salir triunfante
en nuestro anhelo profundo,
en Dios mi esperanza fundo
que es la estrella que nos guía,
de ver a los veinte días
bellezas del Nuevo Mundo
.

 

El Telémaco realizó escala obligada en Fort de France (Martinica), para proveerse de víveres, después de haber sobrevivido a un huracán.

 

Sobre los avatares del viaje, nos quedamos con el testimonio de José Méndez, uno de los pasajeros, que sintetiza acertadamente lo sucedido, al afirmar que su mejor recuerdo fue “cuando José Abreu, la tarde del cinco de septiembre gritó ¡Tierra, se está viendo una islita!”. El peor: “Jesús, son tantos...” .

Después de llegar el “Telémaco” a La Guaira, el día 23 de Septiembre de 1950 los emigrantes son conducidos a la isla de La Orchila, donde son confinados (era utilizada por el Ministerio de cría venezolano como “Estación de cuarentena de ganado vacuno”). Fue allí donde Manuel Navarro Rolo dio rienda suelta a su vena poética y creó estas décimas.
“Mi hermano Manuel -según recuerda Agustín Navarro Rolo- escribió la mitad de las décimas, y una noche me llamó y me dijo: Agustín, te voy a leer las décimas que tengo sacadas de nuestro viaje”. Y entonces pegó a decirlas, a decirlas.... La raza nuestra tiene una vena lírica, y unos la hacen y otros las cantan. Cuando las terminó se lo dijo a Fortunato Armas Darias (alma de la expedición ). Después del almuerzo Fortunato Armas dice: “Señores, las décimas del Telémaco están sacadas, el que las quiera oír que no se vaya. No se fue nadie del “Telémaco”, ni nadie de los otros barcos (el Anita y el Doramas: unos 300). Había allí un salón grande, al entrar, y había como una mesa grande allí, agarra mi hermano, le ponen una silla y se subió sobre la mesa (y recitó las décimas)”.

 

Primera edición de las décimas del Telémaco

 

Manuel Navarro Rolo (1907-1979)


NARRACIÓN HISTÓRICA DE UN VIAJE TRANSOCEÁNICO DESDE LA GOMERA (ISLAS CANARIAS) A VENEZUELA EN EL MOTOVELERO “TELÉMACO” AÑO 1950


Pasó un vago pensamiento
por hijos de la Gomera,
cual la nube pasajera
que va por los elementos,
tras continuos sufrimientos,
peripecias y tristuras
para lanzarse a la anchura
de tan penoso camino
a luchar con el destino
de sedientas aventuras.


En una hora temprana,
el nueve de agosto fue
a eso de las cuatro y diez
de una apacible mañana,
donde el silencio engalana
el misterio más fecundo
dándole un adiós profundo
a Valle Gran Rey con calma,
ciento setenta y un almas      
que marchan al Nuevo Mundo. 


El Sol su disco escondía
en el rizado horizonte,
cuando perdimos los montes
de nuestras islas queridas,
sólo el faro se veía            
dando sus vivos destellos
que iluminaban muy bellos
nuestra ruta solitaria
último adiós a Canarias
tristes recuerdos aquéllos.


Hubieron discordias vanas
porque la marinería
que el “Telémaco” tenía
desembarcó en Taganana,
gente aguerrida y liviana
y veleros de tesón,
quedando sólo el Patrón
para seguir su destino,
de voluntarios marinos
tomó nueva filiación .     


En Taganana embarcó
el Piloto sin ultraje,
el que en este mismo viaje
su nombre inmortalizó,
por lo bien que se portó
demostrando su aptitud.
Náutico de pulcritud
no serás puesto en olvido,
Martín Pérez fue nacido
en el Puerto de la Cruz .  


El Piloto no tenía,
ya que tanto fue su empeñó,
del terreno más pequeño
datos de la Geografía,
carta de mar no traía
este joven navegante,
sin tener un comprobante
latitud en que se encontraba
porque el barco no llevaba
corredera ni sextante.


Puso rumbo al Occidente,
es que creía palpable
más los vientos favorables
para ir al Continente
hallar brisas competentes,
nunca procela intención;
creyendo una aberración,
se promovieron disputas,
por ser aquélla la ruta
del Almirante Colón.


Cuarta al Norte navegamos,
lo que el náutico dispuso;
pero es que todos confusos
del Piloto desconfiamos,
no sabemos dónde estamos,
y el Piloto nos decía
tener calma y valentía
con motor y buena vela
tocamos en Venezuela
seguro a los vente días.   


Del motor el alimento
pronto se vio terminado,
quedando el barco parado
sólo a merced de los vientos;
ahí surgió el descontento,
cual rugir de un león bravo:
la botavara, los cabos
estaban indeseables,
nuestro estado miserable,
¡era una venta de esclavos!.

10ª
Un cuarto de litro fue
toda el agua que por día,
que en su garganta absorbía
un moribundo de sed
en cuyo rostro se ve
el velo de la congoja
la voz sin aliento y floja
se apaga, se debilita,
como la planta marchita
que sedienta se deshoja.

11ª
A favor soplan los vientos,
y apacible ruge el mar,
mientras la Estrella Polar
brillaba en el firmamento,
el marino somnoliento
cantaba anunciando el día,
despertando al que dormía
sobre de duros tablones
los trinos de sus canciones
y el canto de las folías.

12ª
Vino el día veintitrés,
al compás de una tormenta,
el cuadrante del Sur cuenta
el viento con rapidez;
pero el veinticuatro fue
la tragedia más fatal,
siempre en lucha desigual
sigue la nave flotante,
eran las fuerzas pujantes
de un horrible temporal.

13ª
El veinticinco más fuerte
ruge el viento, brama el mar,
y algún ser sin vacilar
siente el frío de la muerte,
fue el destino de la suerte
para que fuimos mandados,
mientras que desmantelado
el barco sin salvación,
bajo del escotillón
quedó el pasaje trancado.

14ª
Era tanta la bravura
del huracán que soplaba,
la ola se rebasaba
a veinte metros de altura,
llovía, la noche obscura
de terribles nubarrones,
las roncas detonaciones
del trueno en los elementos
eran pésimos momentos
de tristes lamentaciones.

15ª
Cuántos habrán recordado
sus queridos patrios lares
y los caros familiares
con quien fueron anidados,
del hijo el amor mimado,
de padres, mujer y hermanos,
del amigo y el paisano
que triste todo derrumba
cuando se encuentra una tumba
en medio del Océano.

16ª
Los lamentos más sentidos,
pidiendo a Dios salvación,
salían del corazón
tristes y desfallecidos,
todo era tiempo perdido
en el regazo profundo,
esperando por segundos
de las penas la más fuerte,
el flechazo de la muerte
y el último adiós al Mundo.

17ª
El mar dio un golpe a babor
que el barco quedó dormido
sin defensa sumergido
que causó espanto y horror,
a la popa y a estribor,
anegando la cubierta,
gracias al marino alerta
que pronto le dio salida
con una maza que había
rompiendo la obra muerta.

18ª
Con las velas arriadas
a palo seco se vio,
dieciocho millas corrió
con viento en popa cerrada;
tiró al Norte la guiñada,
sin ruta ni dirección,
debemos la salvación
a Dios en primer camino,
a los valientes marinos
y a la audacia del Patrón.

19ª
Quiso la Virgen María
tender su manto divino
y aplacar el torbellino
que ofreció la Parca impía;
de sus siervos no se olvida
cuando en la tribulación
aquel que de corazón
su santo nombre recuerde
alcanza gracia y no pierde
la sagrada salvación.

20ª
Cuando la aurora naciente
radió su luz matutina
se vio la huella maligna
del huracán combatiente;
ya arrastraban las corrientes
mantas y otros equipajes,
utensilios del pasaje
y, para ser más fatal,
el vívere individual
que traía para el viaje.

21ª
El turbulento ciclón
se llevó un cabo muy bueno,
de papas diez sacos llenos,
toda la sal y el carbón,
de vinagre un garrafón,
carne el mejor alimento
y entre tantas que no cuento
otras muchas gurruminas,
enseres de la cocina,
agua litros mil doscientos.

22ª
Vino el hambre sin amparo
cual desalentada y seria
la cumbre de la miseria
escoria del desamparo;
de auxilio no se ve un faro
de esperanza ni consuelo,
todo confusión y duelo,
todo lucha insoportable
de un camino interminable
bajo el techo azul del cielo.

23ª
Seis papas y no muy buenas,
eran, y no bien contadas,
la comida destinada
para el almuerzo y la cena,
dejando profunda pena
cuando fueron terminadas;
pero, en la desesperada,
comimos sin poner freno
gofio de gusanos lleno
y platos de agua salada .    

24ª
Después de tan afligidos,
en tan grave situación,
otro maligno ciclón
nos azota enfurecido,
creyendo ser sucumbido
por un destino contrario,
con respeto necesario,
olvidado de los lloros,
todos rezamos a coros
el Santísimo Rosario.

25ª
La Providencia Divina,
aliento de nuestra Fe,
ella es quien todo lo ve
y todo lo determina,
aquella horda marina,
que vino tan exaltada,
fue esparcida y aplacada
su furibundo crujir,
pensar que para morir
hay horas determinadas.

26ª
Segados por el rigor
de un mal fin aventurero,
se divisa un petrolero
por la cuadra de babor;
subiendo al mástil mayor,
la arrogancia marinera
hizo señas lastimeras
al buque que lejo estaba.
¡Socorro!, que así clamaba
con una blanca bandera.

27ª
Cuyo buque era el “Campante”
de nuestra misma Nación,
el cual pidió explicación,
dándole los comprobantes
el Oficial al instante
dio los detalles radiados
y como estaba anunciado
otro ciclón que corría,
pidió socorro en seguida
a la isla de Barbados.

28ª
Ruta el piloto pidió
por estar desorientado,
confuso y desalentado
el Capitán se la dio
el que del puente ordenó
que nos diesen provisión
a hijos de la Nación
que piden ser auxiliados,
no hay derecho a ser tratados
en tan mala condición.

29ª
No tuvo nuestro velero
un barquito que botar
por tenerlo que dejar
al dar el paso primero;
pero al buque petrolero
se le sobraban lanchones
y tener las pretensiones
después de tan cruel camino
que fuesen nuestros marinos
pasto de los tiburones.

30ª
El buque español lanzó
al agua la mercancía,
la que a nado se traía;
gracias que nada ocurrió
hasta de lancha sirvió
el fiel marino velero
aquel auxilio usurero
en momentos tan fatales,
son recuerdos inmortales
del “Campante” petrolero.

31ª
No por la ruta indicada   
quiso el Piloto seguir,
quizá para no sufrir
una mala recalada,
era inglesa la citada,
y por ninguna intención
da auxilio ni protección
lo más honroso y humano
al más noble ciudadano
que venga de otra nación . 

32ª
Entramos en relaciones
con septiembre, el cinco suena
gritos de ¡tierra! que llenan
de vida los corazones,
despiertan las ilusiones,
el ¡viva! de amor se aplica,
la mejor fe se practica,
aquel sueño deseado
eran los acantilados
de la isla Martinica.

33ª
Cuando el barco se acercó
aquellas playas benditas,
las delicias más bonitas
que el Infinito creó,
jamás pincel dibujó
tan elegantes primores,
árboles, palmas y flores
de culminante belleza,
es una isla francesa
de las Antillas Menores.

34ª
El día seis costeamos
gran parte del litoral,
y en la bella capital
por el siete fondeamos,
dos intérpretes llevamos,
prácticos reconocidos,
en aquel puerto dormido
que embelesa la fragancia
grato jardín Fort de Francia,
fuimos muy bien recibidos.

35ª
En pulcra concurrencia,
cuando al muelle se acercó,
mucho sentir le causó
nuestra agotada presencia;
se le dieron referencia
de los grandes sufrimientos,
ellos con presentimiento,
al oír nuestras plegarias,
con nobleza hospitalaria
derraman el sentimiento.

36ª
Hicieron recolección
y cuántos con sacrificios,
para nuestro beneficio
en toda la población;
el humano corazón
y aquel deseo ferviente
enfocó el cariño ardiente
del buen trato y pulcritud,
esmerada gratitud
honra de un pueblo consciente.

37ª
Hombres, niños y mujeres
fueron lanzados al agua
en delicadas piraguas,
profesando sus deberes
llevan con sumos placeres
a bordo el socorro aquél,
el maná de un pueblo fiel,
apacible y generoso
cual rocío milagroso
cayó al pueblo de Israel.

38ª
Hay varios que al pasear
por las calles y las plazas
les indicaron sus casas
para darles de almorzar,
les ofrecen descansar
en su alcoba emocionados,
y con cariños anhelados
les obsequian con bondad
con otros valores más
ricos frutos delicados.

39ª
Voy a dar por terminado,
y su nombre esclarecido
por quien fuimos atendidos,
dignamente respetados,
los manjares ofrendados
que en la campaña de gloria
llevamos como memoria
de esta bella capital
como recuerdo inmortal
al cauce de nuestra historia.

40ª
Piña, coco y marañón;
mango, caimito y guayaba;
mamey, ciruela y papaya;
guanábana y el anón;
aguacate y el melón
de agradables condiciones;
ricas naranjas, limones,
la delicada banana,
la dulce caña antillana
que colmó nuestra atención.

41ª
Con pan fuimos bien portados,
galletas de las mejores,
todas clases de licores
y dulces empapelados,
caramelos delicados,
buen café dio el retrachero,
ropas, zapatos, sombreros,
el azúcar refinado,
jabón, conservas, cacao,
y abundancia de dinero.

42ª
Los blancos por más valor
muy poco se distinguieron,
más espléndidos lo fueron
los señores de color
demostraron con amor
más nobleza y dignidad;
la gratitud y lealtad,
lo que nunca olvidaremos,
a quien todos les debemos
humana hospitalidad.

43ª
Romero, el cónsul cubano,
otra clave hospitalaria,
nació en Las Palmas, Canarias;
este insigne ciudadano
nos trató cual buen hermano,
rayo de un ardiente sol,
siendo un bruñido crisol
por su buen comportamiento
el leal Ayuntamiento
y un Capitán español.     

44ª
El día once salimos
de la tierra encantadora
y a la isla protectora
un viva y adiós le dimos,
recordando lo que fuimos,
el barco, arriando sus velas,
dibuja una blanca estela
tornando nuevo camino
cuando el valiente marino
puso rumbo a Venezuela.

45ª
Cuando la aurora venía,
sus ricas perlas vertiendo
y el mar su espuma luciendo
vimos a Santa Lucía;
su panorama ofrecía
por el llano y la pendiente
el bosque más reluciente
donde combate la brisa
y más tarde se divisa
la isla de San Vicente.

46ª
El día de la jornada
que tercero se camina,
después de las Granadinas
rebasamos la Granada,
era una ruta angulada,
desconociendo las millas,
por el Mar de las Antillas,
pues sólo existía un plano
cruzando por Los Hermanos
muy cerca de las Blanquillas.

47ª
Cuando rompió la mañana
y el Sol sus rayos tendió,
la Tortuga apareció,
isla solitaria y llana,
mientras el barco engalana
blancas y rizadas velas,
el marino con cautela
en la noche tenebrosa,
vio la placa luminosa
del faro del Centinela.

48ª
Como el gigante durmiente
que coloso se levanta,
vimos la primera planta
del soñado Continente,
arrogante y floreciente
el abismo desafía,
allá por la noche impía,
por el dieciséis llegamos
y en La Guaira fondeamos
muy lejos de la bahía .   

49ª
Allá cuando amaneció,
sin que fuese autorizado,
dentro del puerto cerrado  
el Piloto se metió;
la Policía acudió
a pedir informaciones,
los datos y condiciones
en que este barco venía,
pidiéndonos en seguida
nuestras documentaciones.

 

50ª
Ya terminó la jornada,
no hay que dudar del Destino
que nos conduce al camino
de la extranjera morada,
esta tierra codiciada
hija fue del pueblo hispano,
y como somos hermanos
de esta rama positiva,
nos alienta darle un viva
al pueblo venezolano.

 

 

 

 

  La emigración la abrieron a los pocos días de la marcha del TELÉMACO, el 19 de Agosto de 1950. Como nos dicen los autores: “La emigración se legaliza, pero no fue una gracia concedida por las buenas, fue una conquista conseguida a pulso por tantos canarios, que contra todas las adversidades, así se hicieron a la mar, partiendo de unas islas donde reinaba el hambre, la miseria y la opresión. Atrás quedan los hombres del TELÉMACO, el DORAMAS, el ANITA...quizás los últimos emigrantes clandestinos de un tiempo histórico que les había robado toda posibilidad de esperanza”.

   

Puerto de La Guaira primeros años Siglo XX

Avda. Sabana Grande años 50

 

Gracias a Dios que llegué

a un país rico y potente

donde se toma imponente

el más sabroso café.

A donde el pobre se ve

vestido como un caballero,

buen zapato, buen sombrero

buen carro para pasear

y el que quiso trabajar

nunca le faltó dinero.

 

Desde 4 de abril de 1957 "El Begoña" cubrió la ruta entre Canarias y Venezuela hasta el 4 de octubre de 1974,  que fue enviado al desguace

Fuentes:

  • José Marrero y Castro, Ricardo García Luis, Lorenzo Croissier: (1989): "El Telémaco. Así se hicieron a la mar". Edita José Marrero y Castro. Documentos Alternativos.

  • Miguel Angel Hernández Méndez (1998) "Décimas de La Gomera. Poetas de Valle Gran Rey". Ed. Asociación Granate, Ayto. de Valle Gran Rey.

 

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