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ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL FOLKLORE DE CUERDA EN LA GOMERA. Por Chácaras y Tambores de Guadá

             Cuando se habla del folklore de La Gomera, enseguida se nos viene a la cabeza el tambor y las chácaras, que sin duda, son los elementos que más identifican al folklore gomero, tanto fuera como dentro de la isla. Sin embargo, no podemos pasar por alto que en La Gomera también existe, y se ha desarrollado, un folklore de cuerda, que hasta el momento ha sido muy poco estudiado.

   

Dos géneros claramente diferenciados que conviven a través del tiempo

El folklore de cuerda se introdujo en La Gomera, a partir de los núcleos costeros, no sólo por su situación más proclive al contacto con el exterior, sino también por ser lugar de asentamiento de gentes venidas de fuera de la isla, sobre todo de la vecina Tenerife. Esta influencia no alcanzaba a la Meseta central de la isla ni a cabeceras de los grandes barrancos, que hasta comienzos del siglo XX eran dominio exclusivo del folklore de Tambor, y en los que la música de cuerda fue introduciéndose poco a poco, disputándole al Tambor su primacía.

Los bailes de guitarra tenían lugar en pequeños salones, por lo que la mayoría de las veces había que dar números para bailar. Los instrumentos empleados son los mismos que en el resto de las islas (timple o contro, laúd, acordeón, violín y guitarra). Lo que se cantaban eran isas, jotas, folías, malagueñas, seguidillas y canciones de moda.

   

El Pescante de Vallehermoso a comienzos del siglo XX

Antigua embarcación a remos en la  playa de San Sebastián

Sobre equivalencia entre isas y jotas hay quienes sostienen que, aunque tengan características similares, la jota gomera no es una isa, puesto que una jota es más lenta, más cadencial en lo musical, que quizá con los años fue cambiando y aproximándose a la isa. De hecho las personas mayores dicen –“tóca una jota”-, diferenciándola de la isa.

            Los testimonios más antiguos (que tengamos noticias) sobre el folklore de cuerda en La Gomera, se lo debemos a dos viajeros de finales del siglo XIX, el francés René Verneau y la inglesa Olivia Stone.

             

 […] Nuestros anfitriones de Agulo quisieron acompañarnos hasta la vista del pueblo donde debíamos parar. Sin yo saberlo, habían enviado varios criados cargados de víveres, que debían esperarnos en un claro que les habían designado. Era el 25 de abril, fiesta de San Marcos, patrón de Agulo […] Apenas habíamos recorrido tres kilómetros cuando percibimos en la montaña una procesión especial. Hombres y mujeres de todas las edades, vestidos con llamativos oropeles, se paseaban en fila india por un sendero estrecho. Unos llevaban panderetas, otros guitarras y todos avanzaban gravemente cantando, entremezclando en sus cánticos estribillos picarescos.

 

(René Verneau, década de 1880)

 

            Sin duda, el relato más extenso se lo debemos a Olivia Stone, quien en su libro, Tenerife y sus seis satélites, nos dejó un pormenorizado relato de su estancia en la capital de la isla, San Sebastián de La Gomera.

 

San Sebastián, domingo 30 de septiembre de 1885

[…] Nuestro domingo terminó de una manera curiosa y muy poco inglesa. Don Salvador trajo a su hermana y a otra mujer para que bailasen los bailes de la isla. Don Salvador cantó primero acompañado a la guitarra por Don José Perlios. Después las mujeres bailaron varios bailes de la isla, explicándonos cada uno cuando lo bailaban. El primero fue la “malagueña” que, según dijo Don Salvador, era típica de La Gomera. He descubierto que lo que dicen los habitantes con respecto a su propia isla suele ser verdad, pero que su información sobre las otras islas casi siempre está equivocada. La “malagueña” es conocida en todo el archipiélago, no sólo en La Gomera, y existe una variante en España. Dos personas, un hombre y una mujer, se colocan uno frente al otro y, alzando cada mano alternativamente, castañean los dedos mientras se mueven lentamente siguiendo el compás de la música. A veces canta uno y a veces el otro. En este caso, como a la mujer no le gustaba cantar, la sustituyó el guitarrista. Enlazaban y entrelazaban sus manos, a veces de espaldas y luego sobre las cabezas o junto a las caderas, uniéndose y separándose. Este bonito baile terminó con una especie de vals, muy lento y elegante, y, al final, el hombre acompañó a la mujer a su asiento. Seguidamente bailaron la “Jota” o “Isa”. Para poder hacerlo tiene que haber el mismo número de hombres y mujeres, y no menos de cuatro. Bailan en un círculo parte del tiempo y muchas de las figuras que describen son como las de la contradanza. La “Folía” es un baile muy antiguo y primitivo y que, según dicen, sólo se baila en La Gomera y La Palma. Cuatro personas forman cuadro, dándose la espalda, y cambian frecuentemente de pareja. Al igual que en la “Malagueña”, cantan y castañetean los dedos. Tanto los hombres como las mujeres dan dos pasos adelante y vuelta atrás; cuando se encuentran, hacen como si fueran a bailar un vals, pero sin hacerlo; nunca llegan a tocarse durante todo el baile aunque muchas veces lo parezca.

Grabado de San Sebastián de La Gomera, realizado por Olivia Stone a finales del siglo XIX

            Dos o tres personas entraron mientras estaban bailando y, cuando entraban, se les ofrecía la guitarra aunque siempre rehusaban cortésmente. Evidentemente es la costumbre. La “Seguidilla”, o una variación típica de La Gomera, resultó ser muy parecida a la “Folía”, pero dicen que la “Seguidilla Majorera” la bailan en toda la provincia. […] El castañeteo de los dedos y el canto son una parte importante, y las mujeres se entrecruzan hacia atrás y adelante.

            Era una escena curiosa para un domingo: dos camas turcas en la esquina de una habitación cuyos muebles y ornamentos eran los de un cuarto de estar, nuestros maletines y un lavabo por otro lado, las sillas alejadas del centro donde bailaban dos hombres y dos mujeres mientras, alrededor de ellos, estaban sentados, mirándolos, media docena de hombres y nosotros mismos. Don Salvador, un hombre grande en toda la extensión de la palabra, lleva un traje de tela blanca y el pelo muy corto. A primera vista parece tener una cara amable pero, cuando se le conoce más, se ve que tiene una expresión astuta y furtiva en sus ojos castaños, que no se percibe inmediatamente. Las mujeres llevan la cabeza cubierta con pañuelos blancos y lucen chaquetas blancas y sueltas y faldas de algodón azul.

 (Olivia Stone, 1885)

No hay que extrañarse ante el hecho de que no aparezcan referencias al folklore de Tambor, ya que era algo considerado “de magos” y aparte de que los anfitriones de Olivia Stone no lo practicaran, tampoco consideraron digno de mencionárselo a una ilustre viajera inglesa.

FUENTES:

 

  • Correa Magdalena, Ramón (1998): libreto del disco Canta La Gomera. Coros y Danzas de Hermigua y Agulo. CCPC

  • Stone, Olivia M. (1995): Tenerife y sus seis satélites, 2 Tomos, Introducción y revisión de Jonathan Allen Hernández, Traducción y notas de Juan S. Amador Bedford, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. (1ª edición en inglés 1887).

  • Verneau, René (1981): Cinco años de estancia en las Islas Canarias. Traducida por José A. Delgado Luis. Ed. J.A.D.L. La Orotava-Tenerife. (1ª edición en francés 1891).

 

En internet:

 

 

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