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LA REBELIÓN DE LOS GOMEROS EN LA POESÍA POPULAR

       Por Chácaras y Tambores de Guadá

DÉCIMAS SOBRE LA LEGENDARIA “BAJA DEL SECRETO” Y “TORRE DEL CONDE”

Fuente: HERNÁNDEZ MÉNDEZ, Miguel Ángel (1998): Décimas de La Gomera. Poetas de Valle Gran Rey. Asociación Granate, Ilustrísimo Ayuntamiento de Valle Gran Rey

 

Nos encontramos ante una de las décimas más conocidas y sobre las que más se ha escrito, de todas las hechas en La Gomera. Sin duda por tratarse de una recreación poética de uno de los hechos más traumáticos de la historia de la isla, como fue el ajusticiamiento de Hernán Peraza, señor feudal de la gomera y la posterior cruenta represión por parte Pedro de Vera. Hechos estos que han marcado la historia colectiva de los gomeros, de tal manera, que siguen muy vivos en la tradición oral de la Isla.

 

 

La Baja del Secreto,  desde la costa de Valle Gran Rey.

 

Vista actual de Gerián, donde la tradición sitúa la residencia de Hupalupa.

 

No es nuestra misión aquí, hacer un detallado análisis histórico, pero sucintamente estos fueron los acontecimientos. El hecho central lo constituye la Rebelión de los Gomeros; episodio acaecido ha finales del año 1488. La causa del levantamiento fue la tiranía de Hernán Peraza, “el joven”, señor de la isla. Éste gobierna la isla de forma despótica y cruel, atropellando derechos y vidas y haciendo cada vez mayor el descontento de los gomeros. A esto se unió sus pretensiones amorosas con la joven Iballa, mujer que le estaba prohibida, pues ambos pertenecían al mismo bando de Ipalán, por los que se les consideraba “hermanos”, al formar parte del mismo grupo de parentesco.

 Aparte de Iballa, otras figuras aborígenes mencionadas son Hupalupo y Hautacuperche a quienes con frecuencia se les llama, Pablo y Pedro respectivamente. Hupalupo  (Hupalupa o Hupalupu) anciano con gran ascendencia entre sus paisanos, sobre todo del bando de Orone, fue el encargado de organizar la muerte de Hernán Peraza, mientras que Hautacuperche fue el responsable material de la misma, ésta tuvo lugar en el exterior de la Cueva de Guadehum (o Guadejume).

Narra Abreu Galindo que Hautacuperche murió en el intento de asediar la torre del Conde y que los gomeros al ver perecer a su caudillo, huyeron y se hicieron fuertes en la Fuerza de Garagonohe.  Beatriz de Bobadilla, esposa de Peraza, se hace fuerte en la Torre de San Sebastián y pide ayuda a Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, que llega a La Gomera con un gran número de tropas. Se engañó y concentró a los sublevados en San Sebastián, villa en la que se prodigaron unas escenas tan cruentas que durante siglo han ensombrecido la mente del pueblo gomero. Se cometieron terribles atrocidades: los mayores de quince años serán muertos en la horca, quemados o ahogados en el mar; los menores, las mujeres y los viejos serán vendidos como esclavos o deportados de la isla. Abreu Galindo también hace referencia en su obra a los asesinatos que Pedro de Vera cometió en Gran Canaria, muy posiblemente encaminados a evitar una nueva venganza por parte de los gomeros que allí residían en condición de expatriados.

 

 

Cueva de Guahedum, lugar donde fue ajusticiado el tirano .

 

Torre del Conde, residencia de Hernán Peraza.

           

Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla personajes ejecutores de tan sanguinaria represión recibieron los beneficios más suntuosos: “Pedro de Vera, cargado de ducados, orchilla, esclavos, sangre e infamia, volvió a Gran Canaria”. También ambos destacaron igualmente en su papel de principales vendedores de esclavos gomeros: “Para ellos los indígenas fueron una especie de moneda. Pagó con ellos un barco y los diezmos debidos a la iglesia de Canaria (...)”.

            Estos hechos tan impactantes, fueron transmitiéndose de forma oral, dando lugar a las diferentes versiones que se pueden encontrar del acontecimiento, aunque en ninguna de ellas el fondo del episodio se altera. Es una historia que ha permanecido muy viva en la memoria, sobre todo en pueblos como Valle Gran Rey, donde cualquiera puede dar detalles del tema, en donde se conserva en la toponimia: La Baja del Secreto, peña situada en frente del Charco del Conde, el palacio del Conde en La Casa de la Seda, la cueva de Hupalupo en Gerián, etc.

 

Beatriz de Bobadilla,  dama de dudosa reputación en la corte castellana, esposa de Peraza y organizadora de la venganza por la muerte de éste.

Pedro de Vera, genocida castellano, gobernador de Gran Canaria  y encargado de ejecutar la  trama urdida por Beatriz de Bobadilla.

Escultura en Valle Gran Rey de un Hautacuperche  idealizado y excesivamente musculado. La lanza que porta en su mano izquierda nos confirma el escaso rigor histórico de la misma.

           

Lo que más nos interesa de esta historia, no es el hecho de que permanezca viva en la tradición oral de la Isla, en forma de leyenda prosificada, sino el hecho de que aparezcan en forma versificada, en este caso mediante décimas cuya autoría se atribuye al poeta de Valle Gran Rey, Manuel Roldán Dorta. No sabemos hasta que punto el poeta Manuel Roldán utilizó para su obra, sólo lo que él sabía por tradición oral, muy rica la que en Valle Gran Rey existía al respecto, o puede que algo se dejara influir por los relatos escritos por los cronistas y en tercer lugar, lo que él mismo inventó como autor. Lo que si está claro, es que estas coplas se extendieron por toda la isla y se han ido a unir al resto de versiones tradicionales y quien sabe si acabe imponiéndose a éstas como versión única y más autorizada, dado el gran prestigio que sobre el pueblo tiene la letra escrita, como dice el profesor M. Trapero.

            La popularidad de estas décimas es grande y son muchos los que conocen su existencia (en muchos casos ya desligadas del autor) y te pueden recitar partes o fragmentos sueltos, sin embargo muy pocos son los que pueden dar la historia completa. Hasta ahora, en todos los trabajos y en las veces que ha aparecido publicada, se daba sólo la primera parte de la historia, que es la llamada “La Baja del Secreto” y no ha aparecido nunca la segunda parte, “La Torre del Conde”. Aquí por primera vez va a aparecer la versión completa, según fue versificada por Manuel Roldán.

            Otros poetas han escrito sobre este mismo episodio, de Valle Gran Rey, que nosotros conozcamos existe una versión en forma de 22 espinelas cuyo autor fue Manuel Navarro Rolo, e incluso recientemente, dentro de ese resurgir del punto cubano, algunos repentistas cubanos que nos han visitado, también han recreado ese suceso, como es el caso de Raúl Herrera “El gigante remediano”, en su libro “Mis mejores décimas”. También Los Sabandeños le dedicaron un disco llamado “La Rebelión de los Gomeros, (muerte de Hernán Peraza)” en el año 1983. E incluso existe una versión novelada titulada “Iballa” cuyo autor es Manuel Mora Morales.

Manuel Roldán Dorta, autor de las décimas " La Baja del Secreto" y  "La Torre del Conde"

Carátula del disco "La Rebelión de los Gomeros"  de los Sabandeños.

Portada del libro "Iballa", de Manuel Mora Morales

 

PRIMERA PARTE.

 

"LA BAJA DEL SECRETO".             Autor : Manuel Roldán Dorta

 

La Reina, doña Isabel

La Católica, tenía

una dama que decía,

que era su bello vergel.

Cuentan que en el tiempo aquel

era la dama más bella

y la más radiante estrella

que en toda España se hallaba,

espejo en que se miraba

la Reina y señora de ella.

Muy poco duró el edén

de nuestra Reina, su espejo,

porque el Rey de amor perplejo,

quiso verse en él también.

Aquí principió el vaivén

de Isabel y Beatriz,

no había nadie feliz

por causa de la manzana;

dejémonos de jarana,

aquí hubo algún desliz.

La Reina como una hiena

de celos brava rugía,

cual ruge la mar bravía

contra la playa serena.

¿Cómo vengaré mi pena

contra mi vil traicionera?.

Hay que andar a la carrera,

por fin la voy a casar

y mandarla a desterrar

a la isla de La Gomera.

Aunque el espejo empañado

a Hernán Peraza llamó,

y, a Beatriz le ofreció,

y la aceptó con agrado,

le dijo: -Estás titulado

ser Conde de La Gomera,

gobernarás como quieras,

mañana te embarcarás,

pero jamás traerás

a tu esposa a esta ribera-.

Nuestro Conde y Soberano,

a San Sebastián llegó,

allí su casa fundó,

siendo un déspota tirano.

A todo buen ciudadano

de consumo lo gravó,

a su honor no respetó,

ni tampoco a sus mujeres,

y se entregó a los placeres,

causa porque al fin murió.

Por valles de La Gomera

con sus vasallos paseaba,

la mujer que le gustaba

para sus placeres era,

y, el padre que se opusiera,

al punto era aprisionado,

con rigores castigado

en un continuo sufrir,

pues más querían morir

que vivir de aquel estado.

Próximo a Jerián vivía

un sabio que se llamó

Hupalupo y lo dotó

Dios de gran sabiduría,

éste una hija tenía

tan bella y tan seductora,

que ni la luciente aurora,

ni las rosas encarnadas,

no le igualaban en nada

por ser tan encantadora.

El Conde esta joven vio,

y de ella quedó prendado,

ciegamente enamorado,

tanto que la apeteció,

su deseo no logró,

fue con desdén rechazado

por un precepto sagrado

que a Dios tenía ofrecido,

mientras no sea cumplido,

su honor no ha de ser tocado.

Se iba a hacer libaciones,

sobre la montaña santa,

de leche y con fe tanta,

rezaba sus oraciones.

En fiestas ni en diversiones,

Iballa podía estar,

ni se podía casar

por más que estaba ofrecida

con Pedro, pero cumplida,

no le podía faltar.

10ª

Volvamos a Hernán Peraza

que está ciego enamorado,

todo su empeño ha jugado

por si puede darle caza.

Siempre urdiendo mala traza,

un banquete organizó

y a Hupalupa invitó

al palacio Casa la Seda,

y allí la cosa se enreda

como más tarde se vio.

11ª

Tuvo muchos convidados,

los que obsequió con cabritos,

con manjares exquisitos

y vino aromatizado.

Siguen todos animados,

el Conde a todos brindó

y a Hupalupo le ofreció

un narcótico con vino,

que le hizo perder el tino

y aletargado cayó.

12ª

El Conde cuando esto vio,

quedó alegre y placentero,

montó a caballo ligero,

casa de Iballa marchó,

ella a la puerta asomó,

cierra pronto y bien se esconde,

cuando reconoció al Conde,

que a su puerta le llamaba

y ella no le contestaba,

ni le abre ni le responde.

13ª

El vil Conde enfurecido

como una fiera bramaba,

pues su intento no lograba,

era tal un toro herido,

de rabia está sin sentido

y de amor desesperado,

viendo que su objeto amado

no ha podido conseguir,

lo que le quitó el dormir

y lo tiene trastornado.

14ª

Hupalupo al despertar

de su profundo letargo,

exclamó: -¡Oh Dios, qué amargo,

el yo en mi hija pensar!

¡Qué este vil pueda llegar

a lastimarle en su honor!.

¡Oh, qué cruento dolor

en mi alma yo tendría!

¡Venganza, Virgen María

contra este infame traidor!-.

15ª

Vino la noche y con ella

la luna serena y clara,

no hubo nube que turbara

a los reflejos de aquella.

Fue una noche muy bella,

trágica, quieta y serena,

tres hombres van por la arena

hacia la orilla del mar,

los tres se echan a nadar

sin una pizca de pena.

16ª

Con silencioso respeto

a los tres se ven nadar,

y, al poco rato, trepar,

en La Baja del Secreto.

Dijo Hupalupo: -Completo,

tendremos nuestra asamblea,

aquí no hay nadie que vea,

gracias a Dios puedo hablar,

libremente respirar,

y triunfará nuestra idea.

17ª

Como ya sabéis el Conde,

nuestra ley ni honor respeta,

nuestra desdicha es completa,

eso no se nos esconde,

¿a dónde iremos, adónde,

que no seamos azotados?

por eso aquí sois llamados

para dar muerte a esa fiera,

y librar nuestra Gomera,

de ser sus hijos esclavos.

18ª

Esto sólo Dios lo oirá

por hallarnos desviados

de la tierra y muy fundados

de que nadie lo sabrá,

la muerte se le dará

y nuestro Dios nos ampare,

esto no hay quien lo escuchare,

pues si en la tierra se hablare

como el agua se filtrare,

pues la tierra es hembra y pare.

19ª

Yo mataré a ese bandido

y el alma le arrancaré,

de su sangre beberé,

dijo Pedro enfurecido.

Ese vil ha pretendido

deshonrar a mi adorada,

a esa flor pura y sagrada,

a quien venera mi pecho,

yo vengaré ese mal hecho,

o de mí no queda nada.

20ª

Y, luego, con ligereza,

debemos sin vacilar

a San Sebastián llegar

y dar muerte a la Condesa.

Arrancar con gran fiereza

ese vil y mal sarmiento,

para que no hagan el cuento,

arrancarlo de raíz,

muera también Beatriz,

para ejemplo y escarmiento.

21ª

Dijo Hupalupo, nos vamos,

ya buscaremos la clave,

dijo el hijo: -¿Y si se sabe?-.

¡Cobarde! ¿y en que quedamos?.

¿No sabes en donde estamos?.

Tú nos vas a descubrir,

antes de eso has de morir,

idiota sin condición,

un puñal al corazón

le hincó y se oyó gemir.

22º

Dijo Pedro: -¡lo mató!-.

¡No, no, yo no le he matado!

porque fue el deber sagrado

el que mi mano impulsó.

Ni una lágrima vertió,

aunque era su hijo amado,

todo en silencio ha quedado

y se echaron a nadar

y el cadáver cayó al mar,

en donde fue sepultado.

23ª

Todo estaba ya tramado,

salió Iballa a pasear

con sus damas y al llegar

a Aguahedum señalado,

vio al conde que hacia su lado

se acercaba con candor,

diciéndole: -bella flor,

si no me quieres amar,

yo te mandaré a matar

sin piedad y sin dolor-.

24ª

Pedro que a la acecha estaba,

como una fiera salió,

y el Conde cuando le vio,

la espada desenvainaba

y cuando la espada alzaba,

lo sujetó con valor,

le dijo: -Soy tu señor

y me debes respetar-

¡Calla infame, has de pagar

lo que le has hecho a mi amor!.

25ª

Pedro con gran ligereza

al Conde al suelo tiró,

y el corazón le partió,

y le arrancó la cabeza.

En seguida con presteza

la noticia se extendió

en la isla y se silbó

desde montaña a montaña,

dando cuenta de la hazaña,

que al Conde un hombre mató.

26ª

La noticia circuló

por el silbo con presteza,

decían que a la Condesa

de matarla se acordó.

La Condesa se enteró

por medio de una criada

gomera y muy estimada,

que el silbo pronto entendió,

de modo que la enteró,

sin que ellos supieran nada.

27ª

A Gran Canaria mandó

a prisa una carabela,

que fueran a toda vela

por auxilio que pidió.

Ella al punto se encerró

en la Torre bien trancada

y al momento fue sitiada

por multitud de gomeros,

los que trabajaban fieros

por ver si la derribaban.

28ª

Qué noche de sufrimiento,

de amargura y de tristeza,

se pasó nuestra Condesa,

llorando su descontento.

Vio aproximarse el momento

de su muerte tan cercana,

se asomaba a la ventana

a ver si el barco venía,

y, con fervor le ofrecía,

oraciones a Santa Ana.

29ª

Quiso la Virgen Sagrada,

desde lo alto del Cielo,

darle un poco de consuelo

a aquella desconsolada,

que con ansiosa mirada,

divisó la carabela,

que con viento a toda vela,

como una bala venía,

entrando hacia la bahía,

que andaba más que el que vuela.

30ª

Hupalupo diligente,

su ejército preparó,

y con hondas los armó,

arengándoles fielmente:

-Debéis de tener en presente

que nos vienen a engañar,

debémonos replegar

a orilla de la montaña,

y, aunque venga toda España,

no nos podrán derrotar.

31ª

Saltan soldados armados

y antes de la retirada,

lanzan algunas pedradas

sobre los recién llegados,

murieron descalabrados,

algunos, y, ellos huyeron,

y en la orilla se opusieron,

donde nadie se acercaba,

pues al que subir osaba,

muy pronto muerte le dieron.

32ª

Por fin ofrece perdón,

a los guanches, la Condesa,

y fue tanta su simpleza,

que aceptan con decisión,

dijo Hupalupo: -¡Traición,

señores traen urdida!.

Yo y mi familia querida,

eso no hemos de aceptar,

al que lleguen a agarrar,

ha de ser quemado en vida.

33ª

A la iglesia de La Villa,

bajan a ser perdonados,

en donde fueron quemados

como una mala semilla.

Cayeron en la trampilla,

que el sabio había anunciado,

su desacierto han pagado

como inocentes corderos,

aquellos pobres gomeros,

vilmente sacrificados.

34ª

Nuestro sabio en su agonía,

inclina su vista al cielo,

pidiéndole a Dios consuelo

contra de tanta herejía.

-¡Ayúdame, Virgen María!

que sobre foles inflados,

puedan mis hijos amados

a aquella tierra pasar,

y, que se puedan librar,

de ser hoy sacrificados-.

35ª

Tengan mis hijos valor,

que no nos vale el llorar,

de ésta os habréis de librar,

si lo permite el Señor.

De ambos es grande el dolor

al separarnos en vida,

esa es la mayor herida

que tengo en el corazón,

adiós y tengan tesón

y les dio la despedida.

36ª

Quiera la Virgen Divina,

que en estos foles unidos,

lleguen mis hijos queridos

a aquella tierra vecina.

Si la suerte es peregrina

con ese viento que va,

muy pronto os llevará

a esa tierra hospitalaria,

la Virgen de Candelaria

es madre y os guiará.

37ª

Fue la Virgen protectora,

que a una playa los llevó

y un pastor los recogió,

el cual llegó a buena hora.

Por su padre, Iballa llora,

y todos le han consolado,

pues buen auxilio le han dado,

y muchos años vivieron

y varios hijos tuvieron

de un proceder muy honrado.

38ª

Cuando el gran sabio perdió

de vista su fiel pareja,

sin pronunciar una queja,

por un risco se lanzó.

Allí su vida acabó,

pero no acabó en la historia,

pues su bondad fue notoria,

sabio de naturaleza,

y en pago de sus promesas,

Dios le recogió en la Gloria.

SEGUNDA PARTE

"LA TORRE DEL CONDE"         Autor : Manuel Roldán Dorta

 

 

39ª

Después de haber terminado

la traición, Pedro de Vera,

con guanches de La Gomera,

todo en silencio ha quedado,

gozoso de haber vengado

la muerte de Hernán Peraza,

quiso volver a su casa,

dándole la despedida

a la Condesa afligida,

la que con amor le abraza.

40ª

Beatriz, la despedida,

siente de Pedro de Vera,

para ella el alma sincera

y el salvador de su vida,

por lo que está sumergida

en un lamentable llanto,

su alma llena de quebranto,

postrada le pide al cielo,

le dé abrigo y consuelo

y le abrigue con su manto.

41ª

Queda como un alma en pena

en la Torre de La Villa,

Beatriz de Bobadilla,

como aquél que está en cadenas,

sólo tiene un alma buena,

que llora y siente por ella,

que es la hermosa, pura y bella,

como un precioso arrebol;

es la joven Doña Sol,

que llora por su mala estrella.

42ª

Doña Sol, de la Condesa,

era su edén más querido,

por ello ambas se han fundido

en una misma pavesa,

se aman con tanta fineza

y con tanta lealtad,

se miran con igualdad,

con cariño muy prodigio,

como una madre y un hijo,

con pureza y realidad.

43ª

Vive con calma y ternura,

la Condesa con su dama,

ambas mitigan la llama

de su profunda amargura,

mas el bienestar no dura,

“nuestro destino es fatal,

siempre nos asedia el mal,

nos atormenta, nos mata,

no afloja la catarata,

sino, es el día final”.

44ª

En su escolta y guarnición,

tiene dos nobles gomeros,

dos cumplidos caballeros

de esforzado corazón,

fieles con gran decisión,

espadachines ligeros,

jóvenes bellos, sinceros,

por sus acertados planes,

les nombró sus capitanes,

por valerosos guerreros.

45ª

Uno Bruco se llamaba

otro Algasay, su hermano,

de ellos ninguno es tirano,

el uno al otro se amaban,

como hermanos respetaban

cada cual a su deber,

no habiendo podido ver

el mal que les amenaza,

que con mortífera traza,

les haría fenecer.

46ª

Es doña Sol, dama bella,

de refinada hermosura;

todos dos con gran locura,

se enamoraron de ella,

era la antorcha y la estrella,

que más, para ellos, brillaba,

único amor que reinaba

en sus nobles corazones,

fueron tal sus ilusiones,

que a la tumba les llevaba.

47ª

Doña Sol a ambos amaba,

mas su alma presentía,

pues temerosa veía,

el ciclón que le asediaba,

en su mente batallaba

el amor con la amargura,

pues miraba con tristura

a sus dos adoradores,

desechaba sus amores

para abrir su sepultura.

48ª

Cuando Algasay le seguía

y su amor le declaraba,

ella no le contestaba,

pues con arte se desvía.

Con Bruco, lo mismo hacía,

queriendo esquivar el mal,

y, como es natural,

a ninguno despreciaba,

con esto nada aplacaba,

pues su destino es fatal.

49ª

A  Algasay dentro del pecho,

un voraz fuego le ardía,

pues de celos cada día

contra su hermano desecho,

creyendo que era despecho,

una noche lo llamó,

a solas le interrogó:

-¿Adoras a mi Sol amada?.

-Que la adoro más que a nada,

no lo puedo negar yo-.

50ª

-Eres mi único rival-.

-Ya lo sé desventurado,

rompe ese lazo sagrado,

que nos une fraternal,

nuestro destino es fatal,

nos lleva a la crueldad,

con armas en igualdad,

pelearemos por ella

y el que tenga buena estrella,

es dueño de la beldad-.

51ª

Nuestra batalla vendrá

y siento pueda ocurrir

entre ambos, los dos morir,

de otro doña Sol será,

ese mortal gozará

de su hermosura y belleza,

para ir con más certeza

y sucumbir sin dolor;

morir los tres es mejor,

aunque sea una fiereza.

52ª

Debemos echar a suerte,

para ver al desgraciado,

que a nuestro sueño adorado,

le toca darle la muerte,

y, después, óyeme advierte,

nos tiraremos al mar,

sin nada de vacilar,

iremos a sucumbir,

los tres hemos de morir

y todo ha de terminar.

53ª

Algasay, pensaste bien,

tu idea es por mí aceptada,

la rifa está preparada,

¿a quién le tocará? ¿a quién?,

con atención, los dos ven,

que a Algasay le vino en suerte,

dijo Bruco, es dolor fuerte,

toma ese puñal tirano

y con alevosa mano,

le darás horrible muerte.

54ª

Llegó a la alcoba y la halló,

durmiendo en profundo sueño,

con su semblante halagüeño

y un beso de amor le dio.

Se despertó y exhaló

un grito despavorida,

grito que ahogo enseguida,

esa mano despiadada,

que le dio una puñalada

y quedó muerta y tendida.

55ª

Con alma triste angustiada,

donde está Bruco llegó,

dijo: -Hermano, ya quedó,

doña Sol asesinada,

en su lecho ensangrentada

exhaló un ay lastimero,

anda hermano, pues ya quiero,

me trague la mar salada,

para mí no quiero nada,

morir es todo mi esmero.

56ª

No demores la partida,

que quiero pronto morir,

dejaremos de sufrir,

dando fin a nuestras vidas,

vamos, vamos enseguida

me trague la mar bravía,

vamos, nada me desvía

lo antes que pueda ser,

vamos, quiero fenecer,

que se acabe esta agonía.

57ª

Era una noche imponente,

llovía y bramaba el mar,

parecía protestar

de aquel crimen tan ingente.

Destellaba horriblemente,

llovía y rugía el viento,

parece que el elemento

contra de ellos dos surgía

y aumentarles la agonía

en negro y cruel tormento.

58ª

Y con gran dificultad,

llegaron hasta la orilla

de la playa de La Villa

en medio de la tempestad.

Con ansia y temeridad

al abismos se han tirado,

el uno al otro abrazado,

donde hallan la sepultura,

el amor y la locura

en ellos ha terminado.

59ª

Por fin, llegó el nuevo día

de infausta y negra memoria,

lo que nunca nuestra historia,

olvida tal felonía.

Fue tan honda la agonía

que recibió la Condesa,

con delirante sorpresa

del cabello se estiraba

y en su llanto reflejaba

la más profunda tristeza.

60ª

Decía: -Ya me faltó,

el cielo de mis amores

y mis dos jefes mejores,

ya mi alegría murió.

Para mí ya se eclipsó

el ángel que me adoraba,

doña Sol me consolaba

los días de mi amargura,

ya se fue a la sepultura

la que tanto me mimaba-.

61ª

¿Cómo vivir de esta suerte?

¿cómo vivir sin mi bella?.

Maldigo mi mala estrella,

antes quisiera la muerte,

mi destino es muy doliente,

me castiga sin piedad,

¡oh Dios! tú que eres bondad,

alíviame esta amargura,

desvíame esta tortura

y esta negra soledad.

62ª

Perdí mi mejor amiga,

perdí mis dos capitanes,

mal me han salido mis planes,

pensarlo me da fatiga.

¡Oh Dios!, mi pena mitiga

y cesa ya mi penar,

me desespera el pensar,

que he perdido a mi marido,

tengo el corazón herido,

el que nunca he de curar.

63ª

Se quejaba la Condesa,

pidiendo clemencia al Cielo,

mas Dios le niega el consuelo

por su crecida crudeza,

pues quemó con gran fiereza

cuán inocentes gomeros

y a otros como corderos

en las plazas los vendió,

ella a Judas imitó,

pues los cambió por dinero.

64ª

Beatriz, Pedro de Vera,

muchos crímenes hicieron,

pues los gomeros vendieron,

¡oh, qué acción más traicionera!.

Horribles almas de fieras,

oh, corazones malvados,

no extraño sean castigados

por la Divina Justicia,

quien cometió tal malicia,

Dios los tiene ajusticiados.

65ª

Aún existe en La Villa

el hermoso torreón,

dónde se urdió la traición

de Vera y la Bobadilla,

dónde con la vil cuchilla,

Algasay mató a la hermosa

doña Sol, cándida rosa,

lucero de los luceros.

Por sus ojos hechicero

fue su muerte desastrosa.

66ª

El trágico torreón

lo edificó Hernán Peraza,

pues se lo ordenó la Casa

de Fernando de Aragón.

Fue hecho en tal situación

y tan buena cantería,

que aún está todavía

en muy buena condición,

el ya dicho torreón

que a los siglos desafía.

           FIN.

                Mapa de San Sebastián  a  comienzos del siglo XVI

 


 

 

 

 


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